Estaba cerca de resolver el misterio.

Jonás estaba andando por dentro de la cueva y en su mente no dejaba de repetirse esa idea. Estaba muy cerca. Iba a llegar al final y descubrir lo que llevaba unos días rondando por su vida.

Se había internado solo en la cueva que hay junto al acantilado de la playa del pollo. No había ido solo, le acompañaba su amiga Paula. Ella lleva compartiendo el misterio desde el principio. De hecho, lleva compartiendo aventuras desde hace muchos veranos. Desde que se conocieron como vecinos de apartamento cuando tenían los dos cinco años. Sus padres también se hicieron amigos y salían a cenar y a hacer actividades juntos cada periodo de vacaciones.

No estaban solos. De hecho, no podrían haber llegado a estar tan cerca de resolver el misterio solos.

Les acompañaban, desde el principio, Juan, Clara e Inés, los otros adolescentes que se juntaban cada verano. Pero no estaban del todo convencidos.

Cuando vieron la primera señal, en el parque que hay junto a los apartamentos, ellos no le dieron importancia. Jonás sí que le dio y la compartió con Paula. Ella siempre se muestra muy receptiva con todo lo que él le muestra. Algunas veces son solo fantasías o ilusiones, pero, otras muchas, le llevan a situaciones muy gratificantes e inesperadas.

Estaba cerca de resolver el misterio y no podía decaer ahora. Esta allí, solo, dentro de la cueva, le daba un poco de miedo, pero tenía que vencerlo para llegar al final de su misión.

Llevaba una linterna súper buena que le había dejado Inés. Ella la cogió prestada de los aparatos de su madre. La madre de Inés es una aventurera profesional, se pasa el año visitando montañas lejanas y difíciles de acceder. Allí estudia la flora y las especies vegetales que la habitan. Un día nos llevará a todos a unos de sus viajes nos dice siempre Inés. Ojalá sea verdad. De momento, podemos utilizar alguna de sus herramientas, como la linterna.

En la cueva, que no es demasiado grande, el tiempo pasaba muy despacio. No tenía muy claro Jonás lo que iba a encontrar y eso le asustaba. También lo hacía que pudiera haber algún animal allí, o algún hombre malo agazapado.

Cuando se encontraron en el parque con el portador del misterio, Jonás le dijo a Juan que debían de ayudarle. Juan no sabía cómo, pero, como es muy inteligente, le ayudó a resolver el acertijo que le llevó a la cueva.

En la resolución, tal y como Juan había averiguado el lugar del destino, Clara descubrió como debía resolverse, porque son un equipo, y cada integrante aportó algo. Averiguó que debían de ir hasta la puerta de la cueva dos personas y entrar una de ellas mientras la otra se quedaba esperando.

La persona que se quedara esperando debía tener mucha confianza en la que entra. También debía ser muy paciente para no irse si tardaba mucho.

Como habían elegido Jonás para entrar a resolver el misterio, la única persona capacitada para acompañarle hasta la cueva era Paula.

La mayor virtud de Paula es la paciencia, siempre te atiende, te espera, te comprende, incluso cuando tus actos son irracionales, y nunca pierde la calma. Y, también, es quien más a gusto está con Jonás. Tienen un vínculo especial.

Estaba a punto de resolver el misterio y la emoción invadía a Jonás. Después de varios días, iba a poder dormir tranquilo. La solución a la aventura del verano estaba ahí, en esa cueva, junto a la playa.

En poco tiempo volverían a su ciudad, a su instituto, a su vida normal. Pero ahora, en este momento, solo tenía una misión. Sus amigos habían confiado en él y no tenía ninguna intención de fallarles. Va a resolver el misterio y lo va a hacer ahora.

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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