¿Te ha pasado alguna vez que un amigo o una amiga te ha venido hablando de espiritualidad?

Sí, esa gente que va a ciertos cursos donde un gurú te ayuda a ver la luz. Quizá tú has ido a alguno de ellos. Has buscado tu lado espiritual para buscar nuevos caminos o sentirte mejor.

Es posible que tú seas de esas personas que buscan respuestas de temas que no comprende más allá de tu naturaleza.

Esto es un clásico. La humanidad ha resuelto su preguntas a lo largo de la historia en religiones, supersticiones o ritos.

¿Qué experiencia tienes acerca de la búsqueda de espiritualidad?

Hoy en día está muy en boga usar la espiritualidad. Más bien, algún tipo de espiritualidad, porque hay de varios tipos.

Puedes encontrarte con personas que te hablen del universo. De una fuerza omnipresente que guía tu vida constantemente. No solo la guía, además te da lo que quieres y deseas, eso sí, si te lo repites constantemente o lo pides con mucha fuerza.

Puedes encontrar guías espirituales de múltiples formas y pelajes que, en base a unos libros, te pueden decir métodos para conseguir lo que quieres.

Estos libros, de los que no quiero dar nombres, te libran del esfuerzo y de la responsabilidad real para pasar a un plano más metafísico.

Seguramente no conozcas a nadie que haya cambiado su vida a mejor gracias a este tipo de espiritualidad. Eso sí, puedes encender focos que te enseñen el camino a seguir.

Espiritualidad al amanecer

Espiritualidad al amanecer

La espiritualidad sin esfuerzo no vale de nada.

El universo, como el Dios de los cristianos o judíos, es omnipresente, pero le gusta el libre albedrío.

Sí, no puedes confiar en una fuerza externa a ti que no puedas tocar. Tus objetivos te los marcas tú (es obligatorio que nadie te los imponga) y, para conseguirlo, no hay otra opción que trabajar para ello.

No vas a conseguir acabarte un libro sin aprender a leer. Ni acabar una maratón sin entrenar para ello.

Las mentes de la espiritualidad actual te dicen constantemente que no tienes límites. Puedes alcanzar todo lo que te propongas si lo deseas de veras. Puedes cambiar tu vida si te dices unas frases cada mañana ante el espejo.

¿Qué piensas de esto? ¿Te lo crees? Yo no me lo creo. Eso sí, si te propones algo realmente es el primer paso para conseguirlo.

Repetirte a ti mismo lo que quieres conseguir, puede hacer que pongas en foco en logar lo que necesitas para alcanzar tu objetivo.

Y si estás enfocado, todo es más fácil. Es más fácil porque vas a trabajar en una línea, en una dirección. Será más sencillo, porque, al estar bien encaminado verás señales, circunstancias, objetos, que te acerquen a tu meta.

Siempre dependerá de ti, principalmente de ti, conseguir lo que te has propuesto. Eres el principal actor de tu vida. Pero no te olvides que no vives solo. Quien te ayudará por tu camino no será un Dios, ni un Gurú, ni ningún líder espiritual, serán las personas que te rodean.

Somos animales sociales, inteligentes y amorosos y necesitamos de otras personas para poder alcanzar la plenitud. De nada te sirve tener millones de euros si no tienes a nadie con quien hablar. No significa nada dar la vuelta al mundo si no compartes tu tiempo con otras personas.

Toda persona que te encuentras te aporta algo que puedes aprovechar. Las personas positivas, las negativas y las perezosas. Nadie sobra en tu vida. Todas tienen su momento. Porque igual que te pueden ayudar, tu les ayudas a ellas. Les acercas tus objetivos, con tus consejos, tu actitud, tus conocimientos.

En resumen, en mi opinión la espiritualidad puede ser una herramienta para ti, pero sin la acción y la relación con otras personas no te servirá de nada.

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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