Hay un acomodador en un viejo cine. No en un cine de esos de centro comercial. En un cine de pueblo. Con una sala de verdad.

Este acomodador siempre está contento. Cuando entras a ver tú película te saluda con una alegría desbordante. Incluso te reconoce. Sabe que te gusta este cine de verdad y te lo premia con su hospitalidad.

Él es un simple empleado, pero el cine es suyo. Lleva ya mucho tiempo en él trabajando y cada día está más contento. Le encanta ver como personas, grandes y mayores, entran ilusionadas a ver la proyección del día. O las proyecciones, porque a veces emiten programa doble. Yo te lo he dicho antes, es un cine de los de antes.

Su cine, le gusta, porque da satisfacción a la gente que lo visita. Quien va repite. Porque ofrecen mucho más que los demás.

Cuando entras no puedes evitar ir a ese mostrador lleno de chucherías, bocatas, refrescos. ¡Ah!, y los precios son normales. No el típico cine que una vez pasada la puerta infla los precios de todo lo que te venden, y te quieren vender muchas cosas. Cuando hay mucha gente, al acomodador, le toca estar sirviendo palomitas o bocatas de tortilla tras el mostrador.

Nuestro acomodador no para de interactuar con todo aquel que va a ver las películas que proyectan. Es su pasión. Le apasiona el cine. Disfruta de la gente. todo unido es la bomba para él.

Le encanta llevar los cojines a los niños, para que estén más altos y no se pierdan ni una escena. No vaya a ser que no vean el momento culmen de la que puede llegar a ser su película preferida.

Este acomodador es un gran amante del cine. Se las ve con atención todas. Y cuando acaban las proyecciones las comenta con los asistentes. Siempre lo verás rodeado de tres o cuatro asistentes hablado sobre los artistas o la trama que acaba de visualizar.

Le gusta analizar a actores y actrices. Luego los imita para amigos y familiar y también para el resto de su pueblo pues ha creado un grupo de teatro.

En este grupo, todos asiduos al cine, ensayan todo tipo de obras. Comedias, dramas, monólogos… Y cuando las muestran tienen mucho éxito. Eso sí, no pretenden salir del pueblo. Es una afición y no quieren que se contamine con el dinero.

Ya quisieran muchas personas aprender del acomodador de este cine. Disfrutar tanto de sus momentos le enriquece cada día. ¡Larga vida al acomodador!

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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