¿Para qué ha venido a este mundo? Se pregunta Juana al despertar cada mañana.

Ojo, no es una pregunta baladí, ni trivial. de hecho, esta cuestión tiene múltiples respuestas para cada persona. Tanto para ti, para mí, como para Juana.

Unos días la respuesta que obtiene es muy positiva. Ha venido al mundo para ser feliz y hacer feliz a quien le rodea. Esos días desborda alegría por los cuatro costados. Es amable, generosa, bondadosa y dispuesta, siempre, a echar una mano a quien lo necesite.

Todos los días no es así, hay momentos mejores y peores, y, a veces, cuando se despierta y se pregunta para qué ha venido a este mundo la respuesta es muy diferente.

Por ejemplo, hace dos semanas todo le salía mal. Se le torcían los proyectos, le fallaban personas en las que Juana había confiado… Parecía que había venido al mundo para sufrir. Y eso no le gustaba. Sufrir no vale la pena. Hay quien dice que sin sufrimiento no hay gloria, pero, realmente, eso no es sufrimiento, es esfuerzo.

Entonces una mañana, tras mirarse al espejo y preguntarse para que vino a este mundo, se respondió, para hacer lo que realmente me gusta. Sí, decidió pensar solo en ella. En hacer las cosas para favorecer sus deseos, sus anhelos. Sobre todo, llegó a pensar en no delegar con los demás. Si no esperas nada a cambio, difícil es tener algún desengaño.

Y cuando Juana se responde algo suele actuar en consecuencia. Por unos días intentó abstraerse de la gente. Decía que no a planes que no le apetecían. No se desvivía por ayudar a los demás. Hizo únicamente lo que podía hacer ella sola. Pero se cansó.

Poco a poco fue notando que eso no le valía. Que ella no era así, que necesitaba hablar con los demás, escuchar, aprender.

Así que, otro día, al preguntarse para qué ha venido a este mundo, la respuesta fue diferente. Se dijo, quiero hacer lo que yo quiero y, además, rodeada de gente a quien yo quiera.

Fue muy importante la segunda afirmación, pues dijo “rodeada de gente a quien yo quiera”. No dijo que le quieran a ella. Hacía unos días que había aprendido que no puede esperar constantemente nada de nadie, ni siquiera amor. Pero sí que puede amar. Querer a otras personas es fácil. Y demostrarlo también. Lo difícil es ser correspondido, aunque menos de lo que se espera.

Hay gente que, durante algún periodo de su vida, ha venido a este mundo a querer a otras personas. Estos seres humanos muchas veces se siente frustrados porque pueden llegar a pensar que reparten mucho más amor del que reciben.

Puede que sea verdad. Hay veces que uno aporta más amor del que le dan a él. Aunque hay algo más. Cada persona, cada hombre y cada mujer de este planeta llamado tierra, tiene una forma de amar diferente. Unos de manera más efusiva, otras de manera más salvaje, otros de una manera más tierna y otras de forma más fría y distante. No hay problema en ello, cada cual es diferente al resto y debemos aprender eso.

Eso sí, no confundamos amor con posesión. Hay gente que puede pensar que ha venido a este mundo para poseer a los demás. O a poseer alguien más. Y a eso lo quiere llamar amor. Y eso le provoca celos y ansias de dominación. Juana sabe que eso no es amor y que, nadie puede haber venido a este mundo para poseer a otra persona, por eso, cuando lo detecta, sale corriendo.

Juana, en ocasiones, ha venido a este mundo para enseñar algo a los demás. Otras, está en este planeta para aprender. En algunos momentos de su vida piensa que ha venido a este mundo para cambiarlo. Eso sí, siempre tiene alguna misión que cumplir. ¿Cuál es tu misión? ¿Para qué has venido tú a este mundo?

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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