Si me permites, te voy a contar una historia, mi historia. Trata de por qué y cómo comencé a moverme en bicicleta. Estoy convencido que te puede aportar algo.

Yo era un chico normal. Con normal quiero decir que no nací con una bici debajo del brazo. Que utilizaba el coche en transportes cortos. Que con 18 años quería tener coche.

De hecho, recuerdo que mi primer trayecto solo en coche, el día que me saqué el carnet de conducir, fue ir de mi casa, en Carolinas, a la biblioteca de la playa.

Utilizaba el coche siempre que podía. Incluso para ir de fiesta. Vivía a menos de 20 minutos a pie del barrio. Pero era así, era lo que se llevaba. Me dejaba llevar por la marea.

Y pasaba mucho tiempo en el coche. Mucho tiempo buscando aparcamiento. También en atascos. Menos mal que la radio ayudaba a pasar el rato. Pero el malestar me lo producía igual.

Iba también en coche al trabajo, aunque tenía autobús de puerta a puerta. Con el tiempo comencé a utilizar el autobús y mis pies para moverme.

A mí, he de reconocerlo, la bicicleta me atraía. No tenía, no la usaba desde hacía muchos años, pero siempre me había gustado. Por eso, un día, decidí que los reyes magos tenían que traerme una bicicleta. Era 2009

El objetivo de este regalo era usarla para hacer deporte y, a veces, como transporte. Pero no encontraba el momento.

Mi bici esperándome

En ese momento vivía en San Vicente y trabajaba en el Pla de la Vallonga. El camino hasta el trabajo era demasiado largo e incómodo,  decidí tras probarlo un sábado ventoso. Luego, los fines de semana, la bici seguía durmiendo en el trastero, como un trasto más, sacado a la calle de forma eventual.

Pero todo cambió el verano de ese año. Hice un viaje que me marcó y decidí actuar y cambiar varios aspectos de mi vida.

En primer lugar, decidí montar mi empresa, Quetzal Ingeniería. Como empresa, necesitaba un espacio donde desarrollarla. Así que, a principios de 2010, ya tenía mi despacho en el vivero de empresas que gestionaba la Universidad de Alicante y el ayuntamiento de San Vicente en el Polígono de Canastell.

Ahora sí, tenía la posibilidad de ir en bicicleta al trabajo. Tenía que aprovecharlo. Y lo aproveché. Empecé a ir en bici. No iba todos los días, pero sí muchos. El trayecto era fácil y bueno. Era adecuado para comenzar.

Como ya había cogido el hábito, y me gustó, comencé a utilizarlo también para algunos trayectos urbanos diferentes. Iba a casa de mi madre en bici. Bajaba, a veces, al centro de Alicante con mi máquina con motor de dos tiempos, mis dos piernas.

Me olvidé de atascos. Me olvidé de buscar aparcamiento. Y, además, dejé la vida sedentaria. Me sentía mucho mejor.

Como he dicho antes, vivía en San Vicente. Debido a ello, seguía utilizando muchas veces el coche para trayectos urbanos. Mi cambio no era total. Pero mi cerebro ya lo pensaba.

En septiembre de 2012, mi trabajo se trasladó a Alicante, cerca de Renfe. Mi trayecto diario era más largo, pero la bici me ayudaba a que fuera más ameno. Y más rápido. Cuando tenía que ir en coche tardaba más tiempo entre el trayecto y la búsqueda de aparcamiento que yendo en la bicicleta.

A partir de junio de 2013 comencé a vivir en el centro de Alicante. El último clic que necesitaba para aplicar mi cambio se activó.

Desde entonces el coche ha pasado a segundo plano. Su uso es principalmente interurbano, días lluviosos (pocos) o para cargar.

Por ciudad uso mis piernas, con o sin vehículo que mover. Siempre calculo los tiempos y distancias según mi transporte. Si andando tardo menos de 10 minutos, normalmente a pie. Si en bicicleta tardo menos de 30 minutos, siempre la elijo. Si tardo menos de 45, también la suelo elegir. Si es más, ya me planteo el uso del coche.

La bici me ha enganchado. Sí, soy un adicto a este medio de transporte. Y me ha enganchado porque me hace sentir muy bien.

Cuando me desplazo en bicicleta me siento tranquilo. Me siento relajado y pienso sobre lo que me pasa con serenidad.

También me siento activo. Dejo que un vehículo me lleve, yo llevo al vehículo, y mi cuerpo se ejercita.

La bicicleta ha activado aún más mi conciencia. He descubierto que las ciudades no deben de ser para los coches, deben ser para las personas. La prioridad es poder pasear y vivir la ciudad. La bicicleta es lo más respetuoso que hay para ello. Los coches son emisores de ruidos, malos humos (reales y virtuales) y accidentes.

Por eso, te animo, si no usas ya la bicicleta, a que la descubras. Prueba en moverte con ella. Seguro que ganarás en muchos aspectos. Puede que no sea para ti, pero seguro que descubrirás nuevas sensaciones. Eso siempre es beneficioso.

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

Reinvindicando la bici por Alicante. Febrero 2018

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