Luz cálida, música ambiental a bajo volumen y sonidos de tazas y cucharillas. Es el momento ideal para hablar en confianza.

El local no es muy amplio, solo tiene seis mesas. Están ocupadas cuatro de ellas. Ninguna persona habla más alto que las otras. La tranquilidad se mantiene. El bienestar también.

Vemos diferentes tipos de personas en ellas.

En la más grande hay cuatro amigas tomando sendas infusiones y porciones de tarta. Se les ve cómplices. Ilusionadas. Una de ellas lleva la voz cantante. Es normal en grupos. Siempre hay alguien que habla más que los demás. ¿De qué estarán hablando? Quizá de un viaje pasado. Una nueva oportunidad laboral es otra opción. Sí, también puede que sea del amor. O de la atracción por alguna persona no presente.

Vemos un par de parejas. Chico y chica enfrentados. Hablando de sus cosas. En una de ellas hay más tensión que en otra. Unos parecen amantes, los otros no. Pero hablan, tranquilos y sosegados, de lo que quieren hablar. Los chicos, en ambas mesas, comen tarta y beben café. Las chicas, una café y otra agua. El género no determina lo que piden en este local. Ni en éste ni en ninguno.

En la cuarta llevan un rato sentados un par de chicos. Hoy en día pueden pasar por jóvenes. Hace unos años no. Los treinta ya no los cumplen y se acercan rápidamente al cambio de década vital.

Uno toma un té negro aromatizado. El otro ha preferido un bombón. No comen nada y están llegando al momento álgido de su conversación.

– ¿Tú piensas que eres feliz?

– Tengo una vida laboral exitosa. Vivo con una pareja maravillosa y tenemos una niña la mar de graciosa. No me faltan los momentos de diversión. Estoy sano como una manzana. ¿Cómo no voy a estar feliz?

– La felicidad no es solo eso. Es algo más. En mi caso estoy buscándola. Me acerco, me alejo, pero aún no la he alcanzado. Quizá nunca lo haga. Quizá nadie pueda.

– Pero, ¿qué entiendes tú por felicidad?

– Esa es la pregunta del millón, ¿no? No lo tengo claro del todo. Supongo que será estar completamente conforme y satisfecho con todos los ámbitos de tu vida. ¿Tú lo estás?

– Bueno, realmente quizá no del todo. Mi trabajo, en parte me gusta, en parte lo odio. Me gusta la relación personal con la gente. Me encanta compartir los conocimientos. Me motiva los nuevos proyectos. Pero hay muchas partes que me saturan. Eso de que hayan trabajos que no acaben nunca. Que te estén evaluando constantemente es un martirio.

– ¿Y con tu pareja?

– Con ella estoy muy a gusto. Es cierto que discutimos mucho, pero eso le da sal a la relación. Además somos un gran equipo con la peque. No paramos de reír y de aprender. Es un magnífico reto. Y tú, ¿en este aspecto cómo vas?

– Todo parece que va perfecto, por fuera, pero realmente no lo tengo claro. Tenemos buenos momentos, por supuesto, pero nuestro punto de vista sobre la vida es tan diferente… No nos ponemos de acuerdo en casi nada, pero nadie dice nada. Lo dejamos pasar. Convivimos. Cada día es más frío. Estamos tan acostumbrados que parece que ni nos planteamos dejarnos. Pero es un punto que me aleja de la felicidad.

Toman un trago de sus bebidas. ¡Menuda conversación que hemos pillado! Estos temas son más difíciles encontrarlos en pubs y discotecas. Allí es el momento de la diversión y el flirteo. Aquí es el de la intimidad y las confesiones.

Ahora los amigos seguirán con sus preguntas y respuestas. Analizarán sus vidas. Quizá no lo habían hecho antes. Seguramente no tomarán ninguna decisión. Ni juzgarán al compañero. Pero seguro que les sirve para pensar. Para evaluar su vida y ver si va por el camino correcto. O por la vía que ellos quieren que vaya.

Ahora nos iremos del local. Les volvemos a dejar solos. Que saquen su alma y se conozcan un poco más. Porque no hay nada más placentero que conocerse y quererse uno mismo. Esta cafetería es un sitio ideal para empezar a ello. Volveremos.

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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