Estás ordenando los papeles de tu escritorio y, de repente, te encuentras con una vieja agenda.

Con tu curiosidad humana, la abres, y comienzas a leer partes de la misma.

Es una agenda de hace un tres años, cuando aún vivías en esa casa de campo en las afueras. Tenías un trabajo que no te gustaba y no te sentías feliz con lo que hacías. Pero mantenías la buena costumbre de anotar todas tus citas y muchos de tus propósitos y objetivos. Cuando lo escribes se queda marcado, pensabas en ese momento. Y lo sigues pensando.

Vas abriendo pasando las hojas rápidamente, sin mucho detenimiento, y de momento llegas al día 2 de mayo y te detienes en él. Descubres que ahí no habías anotado ninguna cita. Lo utilizaste para escribir tus objetivos.

Debió de ser por aquellas fechas cuando fuiste a aquel taller con esa coach tan inspiradora. Recuerdas que os habló de marcarse objetivos, de repetirse afirmaciones para mejorar cada día y de algunas cosas más.

Además de escucharla, por supuesto, hicisteis algún que otro ejercicio. En uno ibas andando y encontrándote con el resto de asistentes y les dabas las gracias. En otro, te marcaste, tú y el resto de la clase, algunos objetivos para las próximas fechas.

Tú, que por supuesto llevabas tu agenda a mano, la utilizaste, pensando en releerlos próximamente. Y elegiste. Elegiste cambiar de vida.

Decidiste que tu época de vida aislado de tus seres queridos había acabado, aunque eso ya lo llevabas planteando varios meses. De hecho, ya habías comenzado a visitar nuevos pisos y tenías uno casi apalabrado. Era solo cuestión de días cumplirlo.

Pusiste, en la agenda, además, otros clásicos, como hacer más ejercicio o comer menos carne. Y dejar de fumar. Este último sí que lo conseguiste.

También tenías en tu mente, y también escrito, cambiar de trabajo. Buscabas uno donde pudieras disponer más tiempo. Por lo menos uno donde no hubiera que mentir a los clientes como, desgraciadamente, hacías a diario en tu trabajo de entonces.

Este propósito se te cumplió, sin que tú tuvieras nada que ver. Los socios de la empresa se pelearon y decidieron cerrarla. Eras libre para cambiar de empleo. Y lo hiciste. En seguida encontraste otro, en el mismo sector, donde tenías gana cada mañana de ir. Trabajabas tanto o más, pero tanto los compañeros como la jefa te premiaban por ello y te lo agradecían.

Lo más llamativo de la lista de la agenda era tu último propósito. Estaba subrayado con fosforescente. Será que le tenías muchas ganas. Ahora, releyéndolo, te das cuenta de que no le hiciste demasiado caso, pues sigues deseando cumplir esa meta.

Sabes que si lo consigues vas a ser mucho más feliz. Ahora ya lo eres más que cuando lo escribiste, has conseguido muchos de los del resto, lo del deporte y la alimentación aún no, pero siempre tienes una espinita clavada.

Te gustaría disponer de más tiempo. O, por lo menos, organizarte mejor. Y eso es lo que apuntaste y resaltaste en tu agenda aquel día. No lo conseguiste. No hiciste nada para conseguirlo.

Tanto en el trabajo como fuera, siempre quieres hacer muchas actividades o tareas. Y no siempre las consigues. O las logras a medias y deprisa y corriendo, sin poder disfrutarlas como se merecen. Sí, sigue siendo un objetivo presente, debes retomarlo, dos años después.

Así que, vas al salón y coges tu agenda, hoy, 27 de febrero, y anotas bien grande:

OBJETIVO: ORGANIZAR MI TIEMPO PARA DISFRUTAR LO QUE HAGO. BUSCAR EL MÉTODO ADECUADO Y SEGUIRLO

FECHA LÍMITE: 2 DE MAYO.

Mañana te pondrás con las tareas para que llegue a buen puerto.

Nos leemos en la próxima.

Isaac.También te gustará leer: