Ayer tuviste un sueño. Un buen sueño. No soñaste nada espectacular, sólamente un día de tu vida.

Sí, en tu sueño te despertabas como si fuera la realidad. Antes de levantarte te desperezaste y estiraste tus brazos y piernas. Un buen ser humano necesita poner en orden todo su cuerpo para enfrentarse al día.

Te lavaste la cara y fuiste a desayunar. Junto al zumo y las tostadas dejaste un reproductor de música. Sonó tu canción preferida. La que más fuerza te da para afrontar tus labores.

Ya estabas animado, nada te podía parar, y menos después de tus ejercicios matinales. Deporte suave para activar el cuerpo y la mente. Unos pocos minutos de esfuerzo y el día se ve mucho más luminoso.

En tu sueño te encontrabas radiante, vivo, capaz. Capaz de lo que te propusieras. Y te propusiste salir a trabajar. Bajaste por las escaleras y en unos minutos llegaste a tu oficina.

Por el camino te cruzaste con gente maravillosa, que te sonreía. Pasaste al lado de árboles y flores, que daban vida al asfalto y el cemento de la ciudad. Oíste algún ladrido de perro y algún pájaro piando para darte los buenos días. El sol lucía mucho más pronto que de costumbre.

Antes de empezar con tus tareas te organizaste las prioridades y el tiempo. Y todo fue rodado. Hiciste todo lo que te habías propuesto, bien, a la primera, y te sobró tiempo. Tu creatividad estaba al máximo. Lo aprovechaste para escribir aquella carta que tanto te había costado empezar. Y acabaste muy satisfecho del resultado.

Por la tarde, al salir del trabajo, fuiste a ver a tu abuela. Preparaste una tarta con ella, compartiendo recetas e instrumentos. Y luego, os la comisteis. Salió deliciosa. Se notaba que todo el cariño que hay entre vosotros se había colado entre los ingredientes. Los dos eráis únicos. Tú, su único nieto en la ciudad. Ella, tú única abuela en el mundo. Solo podía salir bien.

Y como tenías el día redondo, te dio tiempo a ir a la reunión del colectivo social en el que colaboras. Sí, quieres cambiar el mundo en el que vives. Piensas que se puede y hoy parece que así es.

Os han llamado del ayuntamiento para dar luz verde al proyecto que presentasteis la pasa primavera. Lo habías trabajado mucho y ha dado sus resultados. Era el momento de celebrarlo y empezar a trabajar en serio. Comenzar a mejorar tu ciudad.

Y, para acabar el día, cuando llegas a tu casa, tu pareja está exultante. No cabe en sí misma de gozo. Ha tenido el reconocimiento laboral que tanto tiempo estaba esperando. Tras años de portarse bien y dedicarse a trabajar el buen ambiente en su oficina, lo ha conseguido.

Os tocaba celebrarlo. Era vuestro momento. El tuyo y el de ella. Y lo hicisteis como se debe hacer. Con amor y pasión. Todo mezclado. Disfrutando cada brindis, cada abrazo, cada beso, cada caricia. Así hasta el éxtasis final. Suave y enriquecedor.

Sí, hoy has tenido un gran sueño. Aunque bien pensado, quizá no sea solo un sueño. Quizá sea una visualización de tu vida. Pasada, presente o futura. Quizá estás conduciéndola en la dirección de este sueño. Si es así, enhorabuena. Si aún no es así, es posible que puedas conseguir que este gran sueño que tienes se convierta en realidad. Bueno, siempre que tú quieras.

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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