Has quedado con él para ir al cine. A la sesión de las ocho de la tarde. Ocho menos cinco, y no llega. Pasan diez minutos de la hora de inicio y sigue sin aparecer. No paras de llamarle y como si estuvieras lanzando señales de humo. Te has perdido la película. Pasa una hora y te llama. Te pregunta si la película ha empezado ya. Lo quieres matar. En fin, te contienes, no importa. Porque es un buen tío.

Estás comiendo con un grupo de amigos. Muchas risas. Conversaciones interesantes. Debates de ética y de estética. Cuenta compartida. Él se disculpa, dice que tiene que irse urgentemente. Recoges el dinero de toda la mesa. Falta algo. ¿Quien no ha pagado? Vaya, ha sido él, se ha ido sin pagar. Te toca poner su parte. Bueno, no pasa nada, lo habrá hecho sin querer. Es una buena persona.

Te vas de vacaciones. Habéis alquilado una casa rural entre un grupo de amigos. Estás tú, está él y algunos más. Hay diferentes camas. Toca elegir. O echarlo a suertes. Hay una cama mejor que otras. ¡Qué afortunado a quien le toque! Entras a la habitación para verla. Vaya, ya está ocupada. Se ha adelantado al sorteo y ya ha esparcido todas sus cosas. Él, otra vez pensando solo en él. Menos mal que es un buen chaval, si no lo fuera…

Estás hablando con un grupete de amigos y amigas. A una de ellas le han robado en la playa. Estaba tomando el sol y, en un descuido, se quedó sin bolso. Estuvo buscando un rato, llamó a la policía, pero no vio a nadie. Ninguna pista. Y llega él y sentencia: “seguro que ha sido un moro de esos. Habría que echarlos a todos. No son más que unos delincuentes. Y huelen mal. Son unos guarros. Y después reciben las ayudas del gobierno que nos quitan a los de aquí. ¡Qué rabia dan!”. Menudo comentario más racista. Comienzas a discutir con él. Pero lo das por perdido. Está alienado por esa tendencia. Lo dejas pasar. En el fondo, es una buena persona.

Ahora trabajas con él. Está bien compartir las tareas con un amigo. Uy, ayer puso una excusa y se ha escaqueado del trabajo dejándote con sus tareas. Vaya, hoy lo vuelve a hacer. También lo hizo un par de veces la semana pasada. Se está cogiendo la costumbre. ¡Qué cara más dura que tiene! Te da que pensar ¿es un buen chaval?

Has quedado solo con los chicos. Habláis de vuestros temas. De trabajo, de política, de deportes. Y sí, también habláis de mujeres. Es algo que os interesa. El sexo mueve el mundo, es un buen tema de conversación. Cada uno cuenta su experiencia, sus fantasías, sus gustos. Y le toca el turno a él. Dice que el otro día se metió en casa de una, tras salir de fiesta, y terminaron culminando. Al principio ella no quería, pero era un no que quería decir que sí. Terminaron y él se fue de su casa sin hablar más. Un polvo rápido. No era la primera vez que lo hacía, te dijo, de vez en cuando le pasa. Pero él sabe lo que les gusta. Tiene pareja, pero no le importa. Ella es una sosa. Le mira el móvil cada cierto tiempo y no habla de nada interesante. De hecho, ya casi no le cuenta nada. Como él le dice claro lo que piensa en cada momento y le dice si hace la tonta cuando lo hace… Es un ser inferior, continúa diciendo. Piensa que las mujeres están aquí para satisfacer a los hombres, que son más fuertes e inteligentes. Lo piensa y no se corta en decirlo entre hombres, solo ente hombres. De verdad, ¿sigues pensando que es una buena persona?

Nos leemos en la próxima.

Isaac.

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